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Primo Carnera, el «gigante asesino» al que encumbró la mafia

En 1924, este boxeador italiano de 2,06 metros de altura fue descubierto en el circo por el hampa y convertido en campeón del mundo de los pesos pesados

Primo Carnera, el «gigante asesino» al que encumbró la mafia ABC

«El gigantón boxeador Primo Carnera se entrena frente al peso mosca Frankie Genaro en el Royal Albert Hall de Londres», decía el pie de foto de esta imagen publicada, en 1930, en ABC

«Es un tipo inconfundible de acromegálico, hombre desproporcionado, laxo, de musculatura fláccida y atrofiada, de extremidades voluminosas, como un antropoide, acaso un deficiente mitral, más apto para la defensa flemática que para el ataque vivo. Es también un microcéfalo: cráneo pequeño por la bóveda y abultado en la base, rostro grande y cabeza menuda». Así describía a Primo Carnera el gran escritor y periodista Luis Calvo, en 1930. Como un esperpento al que «el cuerpo se le ha ido agigantando a expensas del desarrollo cerebral», escribía en ABC. Pero lo cierto es que así fue visto a lo largo de su carrera este gigante, singular y controvertido boxeador italiano de 2,06 metros de estatura que, en apenas unos años, pasó de mendigar en la calle, a ser rescatado de un circo por la mafia, para ser convertido en el campeón del mundo de los pesos pesados.

Primo Carnera, el «gigante asesino» al que encumbró la mafia ABC

Carnera, en Madrid, en 1957

Su vida no fue fácil, ni tan siquiera en el éxito, que vivió siempre bajo la sombra de la sospecha, la crítica por su torpeza en el cuadrilátero y la chufla por su desmesurado y monstruoso aspecto físico. Prueba de ello fueron sus numerosos motes: «Mamut», «la montaña errante», «el monstruo feroz de Italia», «hombre-pavor» o «el gigante asesino». Tampoco lo fue su infancia, marcada por el hambre y la supervivencia.

Nació el 25 de octubre de 1906 en el seno de una familia muy pobre de la pequeña localidad de Sequals. Su padre tuvo que emigrar a Alemania a trabajar, para poder enviarles algo de dinero, pero fue llamado a filas durante la Primera Guerra Mundial. Él y sus hermanos tuvieron, entonces, que ejercer la mendicidad. A los 12 años emigró a Le Mans (Francia), a casa de sus tíos. En esa época ya había alcanzado dimensiones colosales, superando los dos metros de estatura y los 2,16 de envergadura, además de pesar 125 kilos de peso y tener un 50 de pie.

En aquella época pasó un circo por la ciudad, cuyos responsables quedaron tan impresionados con su físico, que fue contratado para hacer de forzudo. Hay que tener en cuenta que la talla media de los franceses era entonces de 1,65 metros. Su papel consistía en ir desafiando a los valientes de cada pueblo, con una recompensa para aquel que consiguiera derrotarle en una pelea, pero nunca nadie lo logró, convirtiendo su espectáculo en el más exitoso.

El salto al boxeo

La aventura circense le duró tres años, hasta que el excampeón francés Paul Journée le vio por casualidad durante una de sus funciones y trató de convencerle de que su futuro estaba en el boxeo. Carnera nunca había pensado en ello e, incluso, no le interesó la idea en un principio, pero acabó cediendo. Era una nueva forma de sacar dinero para su familia.

Primo Carnera, el «gigante asesino» al que encumbró la mafia ABC

Imagen de Primo Carnera, en 1932

No sabía boxear ni había disputado una sola pelea oficial, más allá de la pantomima del circo. Sin embargo, fue puesto rápidamente bajo la protección de Léon See, un manager cercano a la mafia que vio en aquel cuerpo gigantesco y extraordinario una buena oportunidad de hacer dinero, sin importar los medios. Y así fue, según contó el mismo See en las memorias que publicó sobre el púgil en 1934, una vez que dejó de representarle. En ellas confesó que «todos o casi todos los combates que disputó el italiano hasta llegar al campeonato del mundo fueron preparados de antemano, trucados». La biografía, que fue un éxito de ventas, se publicitaba en ABC con frases que definían bien la vida deportiva del que fue (y es aún) considerado todo un ídolo en su país: «Posiblemente, ningún boxeador ha llegado en su carrera deportiva a extremos tan pintorescos como él», «la carrera serio-cómico-burlesca del gigante italiano se aclara en esta narración sensacional» o «todos los bajos fondos del boxeo, sacados a la luz por un pecador arrepentido».

El primer combate amañado que disputó fue el de su debut, en París, el 12 de septiembre de 1928, que Carnera ganó por KO en el segundo asalto. La primera noticia que se publica en ABC sobre él es de un año después, cuando su fama ya había traspasado las fronteras de Francia. En esa época ya viajaba por todo el país derrotando a contrincantes de muy baja calidad y supliendo la falta de técnica con su envergadura. Aún así, en 1930, dio el salto a Estados Unidos, donde se convirtió en un juguete de la mafia, que controlaba el mundo del boxeo y amañaba muchos de los combates. «Chaplin fue el rival más serio que tuvo el italiano en su excursión accidentada y pintoresca por el país del dólar», podía leerse en «Blanco y Negro», junto a una foto de Carnera simulando una pelea con el genial director de cine

«¿Te vas a atrever con ese gigantón?»

Aún así, Carnera sufrió dolorosas derrotas que le hicieron regresar a Europa, donde podría volver a sentirse boxeador, un deporte que acabó amando. Allí pudo reconciliarse con el éxito, con victorias reales como la lograda contra el mejor boxeador español del momento, Paulino Uzcudun. Una pelea celebrada en Barcelona, que consiguió el récord absoluto de asistentes de la historia de un combate en el país: 75.000. «Paulino, ¿y tú te vas a atrever con ese gigantón», le había preguntado un periodista de ABC días antes. «¡Quita, hombre! Yo me atrevo con todos. A mí no me ha tirado nadie todavía, y cuando me han ganado, ha sido por malas artes o por mala suerte», fue la respuesta del púgil, convencido de que aquel gigante torpe no iba a vencerle.

Primo Carnera, el «gigante asesino» al que encumbró la mafia ABC

Primo Carnera, tras un entrenamiento, en 1934

Europa se le volvió a quedar pequeña y embarcó de nuevo hacia Estados Unidos. Por desgracia, siguió en manos del hampa y siempre bajo la sombra de la sospecha. Fue en esta época donde vivió uno de sus momentos más duros, tras noquear brutalmente a Ernie Schaaf, que murió tres días después a causa de los golpes. Un suceso que le acompañó durante toda su vida.

Pero a esa tristeza le siguió su gran oportunidad y su mayor alegría: el 29 de junio de 1933, se enfrentó y venció al campeón del mundo de los pesos pesados, Jack Sharkey, en el Madison Square Garden. «Se dijo, cuando Primo Carnera comenzó a boxear, que no era sino un acromegálico de circo, incapaz de inquietar a un hombre de categoría. Y ahora es campeón», escribía este periódico, en uno de los pocos elogios que recibió, fuera de Italia, el primer italiano en llegar a lo más alto de este deporte.

«Confiemos en que no vuelva»

Su gloria duró menos que su fama. Defendió con éxito el título en un par de ocasiones –la primera, de nuevo contra Uzcudun– y realizó una nueva gira por Europa y su país natal, donde fue recibido como un héroe. Tanto es así, que fue utilizado por el mismo Mussolini como propaganda, como imagen de una Italia fuerte. Pero menos de un año después, perdió el título frente a Max Baer y su carrera entró en declive. Se fue alejando de los cuadriláteros, no sin nuevas críticas. «Primo Carnera, con toda su época de pugilismo gigantesco, ha desaparecido. Confiemos en que no vuelva, porque ello, deportivamente, iría siempre en descrédito del boxeo», opinaba uno de los expertos de ABC.

Primo Carnera, el «gigante asesino» al que encumbró la mafia ABC

Carnera, poco antes de morir, en su tienda de licores en Los Ángeles (1967)

En 1938, se vio obligado a retirarse, además de por la diabetes y una operación de riñón, por las deudas que le habían dejado todos sus representantes a lo largo de los años. «De mi vida como boxeador, no ha quedado más amigo que su compatriota, Paulino Uzcudun», reconocía Carnera en una entrevista a ABC, en 1957.

Pero aun estaba dispuesto a seguir peleando. No le quedaba otra, porque, seguramente, no sabía hacer otra cosa que esa, y su cuerpo no le ofrecía muchas más posibilidades. Tras un último intento de reconquistar el campeonato del mundo de los pesos pesados, en 1946, se inició en la lucha libre, aprovechándose de la fama que había cosechado en el boxeo. Y le fue mejor, o por lo menos no se aprovecharon tanto del que después sería conocido, a pesar de todo, como «el gigante bueno». Gracias al buen hacer de su esposa, Giuseppina Kovacic, que hizo las veces de manager para evitar que volviera a caer en las redes de la mafia, logró el éxito de nuevo. Viajó por muchos países hasta que se retiró definitivamente en Los Ángeles, en 1962, donde participó en algunas películas de serie B, en papeles como el de Frankenstein, y abrió una tienda de licores que, quizá, se convirtió también en su tumba.

Tras muchos años bebiendo, desarrolló una cirrosis hepática de la que no pudo salir. Cuando se vio desahuciado por la enfermedad, decidió trasladarse a Sequals para librar su última batalla, la de la vida. La perdió el 29 de junio de 1967, justo 34 años después de que lograra el campeonato del mundo. «La última caída de Primo Carnera», tituló ABC. Su entierro reunió a todo el pueblo, que se sentía orgulloso de su gran campeón… a pesar de todo.

FUENTE

MHW news.

euroseonet.wordpress.com

https://twitter.com/euroseonet

https://www.facebook.com/profile.php?id=100007963548154

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